Várices y embarazo - Homeopatía

En latín el término "várices" quiere decir "torcido".
Las várices son una enfermedad que afecta al sistema venoso periférico y otros órganos de la economía. Por diversos factores, las venas se dilatan, se ensanchan, se vuelven tortuosas e insuficientes para retornar la sangre de la periferia al corazón: insuficiencia venosa.

Las venas poseen una pared muscular delicada, y en su interior hay unos repliegues que se llaman válvulas venosas, que son las que colaboran con el retorno de la sangre periférica de los miembros inferiores hacia el corazón, es decir de la sangre periférica que llegó hasta allí impulsada por las arterias. La delicada pared muscular también tiene la capacidad de contraerse (como todo músculo) y colaborar con ese retorno.
La sangre es impulsada desde el corazón a través de las arterias hacia todo el cuerpo. Esta sangre oxigenada nutre todo nuestro organismo. En todas las terminales arteriales de todos los órganos y extremidades se encuentran los capilares en donde se produce el shunt arterio-venoso (pasaje de la sangre de las arterias a las venas), y es a través de las venas que esta sangre retorna hacia el corazón, pasando por los pulmones para oxigenarse nuevamente. El recorrido arterial se produce por el impulso del corazón que le ofrece a la sangre. Pero el retorno venoso no tiene ninguna fuerza de empuje. Las zonas que están por encima del corazón (cabeza, cuello) son más fáciles de retornar. Las que están por debajo del corazón (abdomen, extremidades) tienen más dificultad en el retorno, el camino es contra la gravedad. Es por ello que las venas de las extremidades inferiores poseen válvulas de cierre cada tanto trecho para evitar que la sangre caiga hacia abajo por su propio peso. Una manera de impulsar esta sangre es a través de las contracciones musculares de las extremidades que bombean la sangre hacia arriba.
Cuando por diversas causas este mecanismo no se produce, la sangre se estanca en las venas, las mismas se dilatan, se engrosan, las fibras musculares que componen las paredes de las venas pierden su elasticidad, se hacen tortuosas, aparecen los cordones venosos, y se produce luego el edema de los miembros inferiores. Si esta situación es pasajera, las venas vuelven a su estado normal, pero si esto perdura por mucho tiempo se produce la anomalía o insuficiencia venosa. Juntamente con esto las válvulas se tornan insuficientes y la sangre deja de circular normalmente hacia el corazón.
A estos vasos dilatados se los llama várices, pueden aparecen en cualquier parte del organismo, pero las más frecuentes son las de las extremidades inferiores, sobre todo en las pantorrillas, y las hemorroides.

Existen tres factores que predisponen a la embarazada a padecer várices:

  1. Factor genético: las várices no son hereditarias, pero habría una predisposición genética, una predisposición familiar a padecerlas.

  2. Factor hormonal: la progesterona que segrega el cuerpo amarillo ovárico al principio del embarazo , y luego del tercer mes la placenta, actúa disminuyendo el tono muscular normal de las venas y las vuelve más susceptibles a deformarse. Los estrógenos también causan alteraciones en las paredes de los vasos.

  3. Factor mecánico: sobre todo en el tercer trimestre el embarazo. El útero y el bebé crecen y van comprimiendo a la vena cava inferior y a todas las venas pelvianas, que son las que retornan la sangre de los miembros inferiores al corazón. Así también pueden aparecer várices pelvianas, várices vulvares y hemorroides.

Hay que tener en cuenta que si las várices que aparecieron durante el embarazo son leves,
luego del parto regresan en un par de meses.

Los primeros síntomas de las várices son sensación de cansancio y de pesadez en las piernas, sobre todo con el correr del día. También pueden producirse edemas, dolores al caminar, hormigueos, calambres, y algunas veces prurito con una ligera pigmentación ocre. Si esto se cronifica, empezarán a aparecer úlceras pequeñas, luego más grandes con un grado de eccema periulceroso. Si el proceso continúa, se complica con infección y linforragia (derrame linfático). Cuando la sangre no circula bien tampoco puede transportar el oxígeno que nutre a los músculos, y esto es lo que produce el dolor semejante a un pinchazo o los calambres.
En el caso de las hemorroides el dolor, la sensación de plenitud anal, el sangrado, dificultades en la evacuación intestinal, son síntomas que no faltan.

Las recomendaciones para la embarazada para prevenir o mejorar los síntomasson las mismas que para todos en general. Se puede aconsejar la utilización de las medias elásticas de descanso. La mayoría de las veces con esto se evitan las tan temidas trombosis venosas profundas.

Existen profesiones que requieren estar de pie o sentado durante muchas horas del día. Este sería un factor de riesgo para la aparición de las várices.

Lo que no se debe hacer:

  • Usar ropa muy ajustada: ligas, cinturones, etc.

  • Estar en ambientes con mucho calor y humedad, sobre todo el calor de los pisos con losa radiante. El sol también es malo si se expone durante horas en las piernas.

  • Estar mucho tiempo parado o sentado. Cada tanto tiempo es recomendable hacer una ligera caminata para activar la circulación.

  • No consumir en exceso sal, hidratos de carbono, grasas, café o té, alcohol, cigarrillo.

  • Tratar de no usar tacos muy altos ni muy bajos.

  • Evitar el uso de anticonceptivos hormonales, ya que los estrógenos producen una alteración en la pared de los vasos, y por consecuencia, la dilatación de los mismos; la progesterona también es nociva. Es por eso que durante el embarazo, en que la producción de hormonas es alta, se acentúan las várices. Otro tanto sucede, aunque en menor escala, durante el ciclo menstrual. Cuando se aproxima la menstruación la mujer experimenta pesadez, cansancio, calambres en las piernas, y como los estrógenos también retienen líquidos, aparece un ligero edema de los miembros inferiores.

Lo que se aconseja hacer:

  • Al estar acostado, es conveniente elevar un poco las piernas para que estén por encima del nivel de la cabeza, ya que la gravedad ayuda al drenaje venoso y evita el estancamiento de la sangre en los miembros.

  • Hacer una dieta equilibrada, con pocas calorías, muchas fibras, yogur, pescado no graso, legumbres y verduras frescas. Una dieta no apropiada puede llegar a producir constipación (bastante frecuente en la embarazada) con la consiguiente sobre-exigencia al intestino, lo que hace aumentar la presión en el abdomen y dificulta el retorno venoso. Esto puede ocasionar hemorroides.

  • Evitar el exceso de peso.

  • Controlar enfermedades como diabetes, hipotiroidismo, enfermedades pelvianas crónicas, trastornos hormonales en la mujer, etc.

  • Evitar el uso de anticonceptivos hormonales y embarazos a repetición muy seguidos.

  • Hacer deportes suaves, no agresivos para el cuerpo, caminatas no agobiantes, natación, bicicleta. Subir y bajar escaleras.

  • Caminar descalzo toda vez que se pueda, sobre todo muy aconsejable en el pasto o en la arena.

  • Flexionar piernas y tobillos frecuentemente cuando se tiene una vida o trabajo sedentario.

  • El uso de medias compresivas o de descanso: se deben colocar con sumo cuidado, bajo las indicaciones del médico, para evitar el estancamiento de la sangre cuando se está parado o sentado. Están muy indicadas también durante el embarazo.

Tratamiento:

Los tratamientos varían según el grado de afectación de las venas.
Se deben tratar las várices que sean molestas, antiestéticas, y antes de que se produzcan las complicaciones, como ser afectaciones en la vida social, en la vida laboral, y más grave aún la trombosis venosa y la embolia pulmonar.
No olvidar que las medidas higiénico-dietéticas son para prevenir y no para tratar las várices, porque una vez que aparecieron, de acuerdo al estadio en que se encuentre, se hará el tratamiento indicado. También está indicado el masaje para mejorar el drenaje linfático, pero por un profesional debidamente entrenado en esta práctica.
Actualmente hay varias técnicas para tratarlas. Para las várices medianas y grandes se utiliza la cirugía. También se usan las técnicas esclerosantespara las de menor tamaño. Previo a la cirugía, se debe realizar la exploración hemodinámica de las venas por estudio eco-doppler, que es un estudio no doloroso de la circulación venosa y arterial.   

En Homeopatía Unicista, para el tratamiento de las várices, como para cualquier otra enfermedad, debemos tomar al paciente como una totalidad, con un cocepto holístico del mismo. No podemos limitarnos a ver las extremidades inferiores y sus venas, sino que debemos buscar el desequilibrio de esa totalidad que tenemos frente a nosotros. Para ello es necesario una exhaustiva Historia Clínica, que en la primera consulta dura alrededor de una hora; hay que conocer a ese paciente con todos sus síntomas mentales, generales, locales y característicos. Así el paciente tendrá la posibilidad se ser curado, no sólo a nivel local, sino a nivel general.
Cuando en última instancia llegamos a los síntomas locales, es ahí donde realizamos el examen físico: inspección, auscultación, palpación. Luego pediremos los estudios complementarios necesarios para su patología.

No olvidar preguntar a la mujer si tiene colocado un DIU, ya que siendo un cuerpo extraño,
produce un campo de interferencia en el cuerpo.

Preguntar y revisar acerca del estado de la dentadura, ya que alguna pieza en mal estado puede ser la causa de síntomas en las extremidades inferiores.
Prestar atención a la vestimenta que usa, que no ciña lugares en donde es necesario que haya un buen retorno venoso (cintura, pantorrillas, muslos, zapatos ajustados, tacos muy altos).

Con respecto a los tratamientos quirúrgicos (generalmente bastante agresivos para el cuerpo), la Homeopatía solamente los recomienda en los casos en que corra peligro la integridad física del paciente. Los tratamientos estéticos dan resultados a corto plazo, ya que la predisposición natural de cada individuo le traerá, con el tiempo, de nuevo el problema. Además, la agresión a que es sometido no favorece al paciente: nuestro cuerpo sagrado e intocable nos devolverá esa agresión en cualquier otro órgano.

Es así que, si desde el comienzo de la patología intentamos utilizar los remedios homeopáticos que se mencionan más abajo, la progresión de la enfermedad se limita espectacularmente sin necesidad de llegar luego a tratamientos crueles.