Qué es la Homeopatía

Quien ejerce la Homeopatía, se ha elegido a sí

mismo porque ha elegido al hombre.

Dr. Florencio Esacardó 

HISTORIA
Ya en el siglo IV antes de Cristo el griego Hipócrates (460-350 a.c.) estableció que la medicina podía basarse en dos principios distintos: El Principio de los Contrarios y el Principio de Similitud. El principio de los contrarios ("Contraria contrariis curentur") será seguido, siglos más tarde, por Galeno y toda la medicina científica y contemporánea. Hipócrates llegó a establecer estos principios a través de la atenta observación de lo que pasaba en la Naturaleza. El principio de los semejantes o de similitud, propuesto entonces por Hipócrates, será esbozado siglos más tarde (siglo XVI) por Felipe Teofrasto Bombasto de Hohenheim, llamado Paracelso, uno de los médicos que defendía el "vitalismo". Éste usó dosis mínimas de sustancias como medicamentos, y llamó a las enfermedades por el nombre de los remedios que podían curarlas, a la vez que eran capaces de provocarlas también. Santo Tomás de Aquino (filósofo) fue otro defensor y seguidor del principio de los similares. Hipócrates fue el creador del aforismo: "Similia similibus curentur": la curación se produce por los similares.

HOMEOPATÍA. EL PRINCIPIO DE SIMILITUD 

En el siglo XVIII nace en Meissen (Alemania) Christian Federico Samuel Hahnemann (el 11 de abril de 1755), el auténtico creador de la Homeopatía, todo un sistema completo del arte de curar. En 1770, desilusionado con los métodos de la medicina de esa época, que él consideraba ineficaces para curar las enfermedades, decide abandonar la práctica clínica como médico, y se dedica a traducir obras de medicina para poder mantener a su familia. Más tarde se va desalentando con los conocimientos médicos de la época (vigorizantes, purgantes, reconfortantes, tónicos, vomitivos, etc.), una medicina en la cual ya no cree, y comienza a experimentar con distintas sustancias que él mismo las ingiere. Así llega a comprobar la universalidad de la ley de Hipócrates: "Similia similibus curentur", o sea que lo similar se cura con lo similar: los pacientes se curan con las sustancias capaces de producir en personas sanas los mismos síntomas de la enfermedad. Entonces esta sustancia debe ser denominada "homeopática", que deriva del griego "omolos": semejante, y "pathos": enfermedad.

Luego descubre que detrás de cada enfermedad hay una alteración, modificación o disritmia, una predisposición a enfermarse (propia de todo ser humano). A esto el lo llama "miasma". Entonces comprende que lo fundamental es curar a la persona y su "predisposición", y NO suprimir la enfermedad y sus síntomas. En 1810 publica su "Organón del Arte de Curar". Es él quien estudia y aplica el principio de la semejanza o de la similitud: toda sustancia (que procede del reino animal, vegetal, químico o mineral) capaz de despertar en el hombre sano determinados síntomas, es capaz de curar síntomas semejantes en el hombre enfermo. A partir de este principio Hahnemann hace el genial aporte a la medicina de todos los tiempos: la experimentación de los medicamentos puros en el ser humano sano, y no en ningún animal.

Luego, para estudiar el efecto puro no tóxico sino dinámico de las sustancias medicamentosas, postuló que las mismas debían ser diluidas, por lo que creó el principio del medicamento diluido o atenuado. Estas diluciones llegaron hasta extremos insospechados, aún hasta la pérdida total de sustancia material, quedando sólo lo que él llamó "energía medicamentosa". Las sucesivas diluciones las iba agitando muchas veces cada una, y éste era y es el principio por el cual el medicamento se transforma en "energía medicamentosa". Este proceso se conoce con el nombre de dinamización, y gracias a esta operación se puede conseguir que el medicamento sea efectivo, o sea más efectivo, más potente cuantas más dinamizaciones tenga.

La individualización (o medicamento único): sólo se debe utilizar un remedio por vez en cada momento y en función de la similitud que tenga la patología del paciente con un determinado medicamento. Así, el tratamiento deberá estar adaptado a cada individuo. Por ello, muchas personas que tienen la misma enfermedad no reciben necesariamente el mismo medicamento.

En realidad lo que Hahnemann hizo al crear la Homeopatía fue establecer una nueva concepción de la medicina,
basada exclusivamente en la experimentación de las sustancias en el hombre sano.

En nuestra época tenemos un conocimiento exacto del metabolismo del calcio y del fósforo; de las transformaciones de los lípidos, hidratos de carbono y proteínas dentro del organismo; del mecanismo íntimo de los sueños; estamos con la manipulación genética (que significa un fabuloso adelanto científico y que al mismo tiempo asusta ante la ignorancia de todas sus posibilidades de utilización); de la utilidad de las ecografías, de la tomografía computada y de la resonancia magnética... pero poco interesa la naturaleza humana, el ser humano como una totalidad integrada, única e irrepetible.

Paul Tournier, prestigioso médico suizo no homeópata, dice en su libro "Mitos y Neurosis":

"Sólo estaremos verdaderamente satisfechos cuando la medicina nos permita comprender por qué una misma enfermedad se manifiesta a veces mediante fenómenos físicos y a veces por fenómenos psíquicos o mentales. Qué médico no comprobó, por otra parte, que en numerosos casos, una mejora física suele ir acompañada por una agravación psíquica, o a la inversa, como si el mal se expresara alternativamente de una y otra manera".

EN QUÉ SE BASA LA HOMEOPATÍA 

La Homeopatía es una forma terapéutica que estimula naturalmente la capacidad defensiva del organismo. No tiene efectos tóxicos ni colaterales. Por ello puede ser utilizado a cualquier edad (desde el nacimiento hasta la senectud), durante el embarazo, durante la lactancia.

La Homeopatía predica una filosofía de la enfermedad, de la salud y de la curación.
Para ella no está sano quien ha conseguido suprimir los procesos patológicos si al mismo
tiempo lo están perturbando sentimientos y pasiones desordenadas, o conductas contrarias a la moral.

Para la Doctrina Homeopática, la enfermedad no es una entidad viviente dentro del cuerpo ni un trastorno material provocado por causas materiales. Esta concepción materialista conduce a una terapéutica que provoca la eliminación de las causas aparentes o de los productos de la enfermedad o resultados últimos, sin corregir la desarmonía vital del individuo. La enfermedad no se limita a los órganos, sino que abarca a la persona entera, partiendo del concepto de unidad del ser humano. Por eso la Homeopatía trata de corregir la susceptibilidad mórbida, devolviendo la armonía a la energía vital perturbada.

La curación de la enfermedad es a través de la curación del enfermo, y no a la inversa.

Para la Homeopatía la única y verdadera manera de curar, suave, rápida y duradera, es por los semejantes, salvo que se trate de una enfermedad quirúrgica.
Sin embargo, la HOMEOPATÍA, que justamente no actúa sobre los síntomas exteriores de la enfermedad sino sobre las causas, e integrando en su concepción terapéutica a todo el individuo, intenta desde hace mucho hacer una verdadera medicina de la persona. Interpretamos que en la gran mayoría de los casos el asma bronquial y la úlcera son enfermedades donde se ven comprometidas nuestras emociones, siendo los bronquios o el estómago sólo la manifestación externa de ese desequilibrio. Asimismo, erupciones o exantemas en realidad no son enfermedades de la piel, sino manifestaciones de un desorden interno, psíquico o físico que se expresan a través de la piel.
No podemos continuar tratando órganos o síntomas aislados, "cortando al paciente en fetas" para ver qué lugar está comprometido. No podemos preguntarnos cómo evoluciona la columna de mengano o la várice de zutano como si esas dolencias vivieran y sufrieran aisladamente, como si la causa, el desarrollo y el fin de la enfermedad estuviera sólo en ese "compartimento" de la persona.

Sólo una medicina que tenga en cuenta que el hombre no es un conjunto de piezas reunidas como en un juguete para armar, sino una verdadera maravilla de la creación cuando está física y espiritualmente sano y en armonía con su medio, puede dar jerarquía a la vapuleada frase de HIPÓCRATES, padre de la medicina:

"NO HAY ENFERMEDADES SINO ENFERMOS".

(Algunos conceptos vertidos en esta nota fueron extraídos del libro Tratado de Medicina Homeopática del Dr. Francisco X. Eizayaga)(†).

¿USAN YUYOS? ¿MIRAN POR EL IRIS? 

Muchas veces se confunde a la Homeopatía con el uso de productos naturistas: "¿Cómo no me da un tesito de medicación?" "Pensé que ustedes usaban yuyos".

Los productos que la naturaleza nos da y que son usados desde hace infinidad de años por la Homeopatía, han dado muchos beneficios a la humanidad.
Hemos aprendido, basándonos en la experiencia de los distintos nativos, el uso de algunas de esas sustancias.

Los aborígenes del Amazonas envenenaban sus flechas con el curare que extraían del Strychnos toxífera, sustancia que inmovilizaba a sus víctimas sin matarlas. De allí se extrajeron las drogas curarizantes que se utilizan en anestesia general para relajar al paciente y así poder intubarlo para que reciba oxígeno durante toda la operación.

Los indios "quechuas" del Perú utilizaban cierta corteza del "árbol de la fiebre" con propiedades anti-palúdicas llamado por ellos "quina-quina". La quinina,su principio activo, fue difundida por los jesuitas en Europa y aún se utiliza para combatir al paludismo.

Los médicos antiguos como Hipócrates o Teófrasto, utilizaban extractos de corteza de sauce para tratar los dolores y las fiebres. El ácido salicílico,extraído del sauce, es el precursor natural de la aspirina.

En la actualidad se están estudiando muchas sustancias naturales para ser utilizadas en el tratamiento del cáncer, el Sida, las infecciones, etc. En Argentina se están investigando sobre los efectos de los "tranquilizantes naturales": la Pasionaria, la Manzanilla, la Valeriana. Y se están descubriendo que son mucho mejores que los ansiolíticos sintéticos.
Todo esto es muy alentador y bueno, pero NO TIENE NADA QUE VER CON LA HOMEOPATÍA.

Resulta que todos estos yuyos actúan por presencia. Todos ellos tienen sustancias "activas" que producen distintos efectos: paralizan los músculos, bajan la fiebre, quitan los dolores, tranquilizan. Pero su efecto permanece mientras se toman y desaparece cuando se dejan de ingerir.

Hahnemann observó que la quinina, que los jesuitas distribuyeron por Europa (ingerida como sustancia), producía también intoxicación: fiebre intermitente, sudoración, delirios, escalofríos, síntomas "muy parecidos" a los del paludismo. Como dijimos, el paludismo se cura con la quinina.

-¿La misma sustancia que produce una enfermedad, cura a esa enfermedad?

-Algo así. Es el principio de analogía. El mismo principio que usan las vacunas. Ejemplo: si se toma una cebolla y se pica con un cuchillo, ¿qué sucede?

-Arden los ojos, produce lágrimas, hay congestión y sale agua por la nariz, pica la garganta.

-Entonces, ¿lo que pasa no es muy parecido a un fuerte resfrío?

-Sí, es como si estuviera resfriado.

-Pues bien, la cebolla preparada homeopáticamente (diluida miles de veces y dinamizada) es un excelente remedio para esa clase de resfríos con congestión.

-¿Entonces los homeópatas no usan yuyos?

-Lo que hace homeópata a un médico, a un veterinario o a un odontólogo, no es el usar medicamentos naturales, ni mirar el iris, ni recetar "yuyos", sino LA FORMA CÓMO ELIGE LOS REMEDIOS y los usa diluidos y dinamizados.

Se usa el principio de similitud o analogía: "Lo que produce la enfermedad cura a la enfermedad". Esto es lo que descubrió Samuel Hahnemann hace más de 250 años. Es el principio en que se basan todos los homeópatas unicistas del mundo, y que durante todo ese tiempo han investigado, experimentado, perfeccionado y utilizado. Son todos progresos científicos homeopáticos para hacer a la Homeopatía hoy una rama de la ciencia médica,que se basa en el principio de analogía para lograr la curación de las enfermedades.

DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO HOMEOPÁTICO 

El diagnóstico de enfermedad lo realiza el Homeópata como cualquier otro médico. Esto incluye el examen clínico, todos los análisis y estudios que sean necesarios, además de las interconsultas con los diferentes especialistas. Este diagnóstico de enfermedad nos es útil para el pronóstico de la misma.
Pero lo más importante para nosotros es el interrogatorio homeopático.
Mediante el mismo llegamos a conocer a la persona que tenemos delante nuestro, a la persona que padece la enfermedad. 

Por medio del interrogatorio llegamos a conocer lo que nos interesa del sujeto: sus conflictos psicológicos, la historia de toda su vida que lo formó tan único y especial (historia biopatográfica), sus emociones, sus angustias, sus ansiedades, sus miedos, sus sueños, etc. Son los síntomas mentales que nos van a configurar el perfil que nos va a orientar a la individualización del paciente, para finalmente arribar al remedio que llamamos "remedio de fondo" o "simillimum", que es el que le corresponde a ese sujeto en totalidad.
Los síntomas generales siguen en orden de importancia en el interrogatorio. Tienen que ver con la relación del sujeto con su medio ambiente en cuanto a tolerar las temperaturas extremas, los deseos y aversiones a ciertas comidas y bebidas, cómo influyen en él las tormentas, la humedad, el sol, el viento. También es importante la transpiración: en qué lugares transpira, con qué olor, de qué color mancha la ropa, etc. En la mujer son importantes los síntomas menstruales, con todas sus variaciones antes, durante y después de menstruar.
Un tratamiento homeopático lleva su tiempo. Esto se debe a la forma en que se indica la medicación. Ese remedio que le corresponde a ese enfermo deberá ser prescripto con una dinamización o potencia adecuada. No todos los casos son iguales. Si el paciente presenta una enfermedad orgánica, la potencia será baja, para ir aumentándola en consultas sucesivas, de acuerdo a cómo responda el mismo. En el caso de enfermedades mentales (depresión, neurosis, pánico, irritabilidad excesiva) se usan potencias altas, y los resultados son mucho más rápidos. Es espectacular observar cómo en un mes, a veces, el paciente experimenta una gran mejoría, y hasta una curación de su dolencia.

Es importante hacer la siguiente salvedad: el remedio homeopático no suprime síntomas
(no corta una diarrea, una infección, no baja la fiebre, no ataca un eccema),

como lo hace la alopatía, sino que estimula los propios mecanismos de defensa del paciente. A partir de allí se produce la curación por él mismo.

Así el individuo pondrá en equilibrio su fuerza vital para poder corregir su perturbación dinámica que lo llevó a enfermar. Recuperará su naturaleza desequilibrada, y con la mente y el cuerpo sanos, cada persona desarrollará su potencial, su sentido del bien, su amor por la vida.